Desolación
Erika Imbett, Brandon García
Institución Universitaria ITM
Colombia, Medellín
Este cartel es una pieza gráfica de alto impacto y densa carga simbólica, concebida para la exposición de denuncia de la Bienal de Creatividad y Cartel Colombia. En su propuesta, lenguaje visual y textual se articulan en tensión permanente para proyectar una profunda angustia colectiva y cuestionar el rumbo político del país. El centro compositivo está dominado por su elemento más incisivo: una calavera humana en vista frontal y riguroso detalle óseo. Lejos de operar como un cliché de la mortalidad, la imagen se erige como metáfora del trauma, la desolación y el duelo compartido de una nación. La reconfiguración de la paleta patria —con el contorno y las órbitas trazados en azul intenso sobre un fondo amarillo cálido y desvaído— subvierte la iconografía oficial para denunciar una fractura en la identidad y los valores colectivos. Sobre esta alegoría de descomposición se superpone, en tipografía industrial y vibrante color rojo, la fecha «21 06 2026». Proyectada originalmente hacia el futuro, la cifra actúa como veredicto y sentencia. Para el autor, este hito sintetiza un punto de quiebre en la historia reciente: una jornada electoral que, según su lectura, abrió la puerta a dinámicas autoritarias y a un dolor social perceptible incluso tiempo después. La fecha se fija así como memoria dolorosa y advertencia abierta. En el remate inferior, una sutil línea roja subraya la frase «por la patria.», escrita en cursiva y menor escala. Este enunciado, tradicionalmente ligado al fervor heroico y al sacrificio, se tiñe de amarga ironía al pie del cráneo. La obra increpa directamente a qué «patria» apela el discurso oficial en un contexto de vulneración y alienación, evidenciando cómo la retórica patriótica ha sido instrumentalizada con trágico fin. El despliegue cromático responde a una estricta estrategia narrativa: el amarillo descolorido como reflejo del alma marchita del país; el azul como señal de luto y contorno de una identidad en pérdida; y el rojo estridente de la fecha y el texto como la sangre y la herida que no cierra. Mediante la síntesis formal, el cartel potencia su fuerza comunicativa para actuar como un poderoso artefacto de memoria y protesta. En definitiva, se trata de una obra políticamente directa en su denuncia de la descomposición estatal, pero sensible en la canalización del dolor humano. Su exhibición en la Bienal generará, inequívocamente, un debate imprescindible sobre el trauma colectivo y el devenir de la identidad nacional.

Ilustración digital